Tipologías saludables
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Date
2021Subject/s
Unesco Subject/s
Abstract
Sabemos que los espacios que habitamos impactan en la salud de sus ocupantes, tanto de los usuarios de hoy como los de las generaciones futuras. El objetivo de este capítulo es aportar una visión integradora que sirva de brújula para que los agentes implicados en los proyectos puedan trabajar con una actitud consciente y transformadora. Se trata de favorecer y preservar la salud de las personas en las diferentes tipologías edificatorias y en el urbanismo. «Los criterios de salud y bienestar pueden afectar profundamente a la concepción de los edificios, pudiendo modificar su tipología tradicional», afirma Enrique Cobreros, director de Hábitat y Construcción Eficiente de AEICE.En el conjunto de las tipologías, coincide la recomendación de potenciar espacios comunes, que sean amplios, flexibles, accesibles y seguros. También la importancia de orientar los espacios más relevantes en cuanto a su uso a la fachada sur, o a la que ofrezca el soleamiento óptimo de cada geografía, así como maximizar la apertura de huecos a esa orientación y al disfrute de las vistas. Hemos resaltado la importancia de potenciar la ventilación natural, y a ser posible cruzada, siempre que los espacios exteriores no estén contaminados. También la de incorporar al diseño plantas naturales, tanto en el interior como en el exterior y el diseño específico de la iluminación apropiada para el uso de cada estancia. En los espacios docentes, hospitales y residencias de ancianos, hemos hecho especial hincapié en diseñar los espacios más humanos y cercanos, dada la especial vulnerabilidad de sus ocupantes. En el caso de los hospitales, además, cobra especial importancia que estén bien comunicados y, en los entornos urbanos, que sean saludables, seguros e inclusivos. La seguridad es una necesidad básica y su ausencia impacta directamente en nuestra salud. Este enfoque es clave tanto en los edificios como en el urbanismo, para minimizar el riesgo de convertirnos en víctimas de la delincuencia, así como para evitar el desasosiego y estrés que produce el miedo.
Sabemos que los espacios que habitamos impactan en la salud de sus ocupantes, tanto de los usuarios de hoy como los de las generaciones futuras. El objetivo de este capítulo es aportar una visión integradora que sirva de brújula para que los agentes implicados en los proyectos puedan trabajar con una actitud consciente y transformadora. Se trata de favorecer y preservar la salud de las personas en las diferentes tipologías edificatorias y en el urbanismo. «Los criterios de salud y bienestar pueden afectar profundamente a la concepción de los edificios, pudiendo modificar su tipología tradicional», afirma Enrique Cobreros, director de Hábitat y Construcción Eficiente de AEICE.En el conjunto de las tipologías, coincide la recomendación de potenciar espacios comunes, que sean amplios, flexibles, accesibles y seguros. También la importancia de orientar los espacios más relevantes en cuanto a su uso a la fachada sur, o a la que ofrezca el soleamiento óptimo de cada geografía, así como maximizar la apertura de huecos a esa orientación y al disfrute de las vistas. Hemos resaltado la importancia de potenciar la ventilación natural, y a ser posible cruzada, siempre que los espacios exteriores no estén contaminados. También la de incorporar al diseño plantas naturales, tanto en el interior como en el exterior y el diseño específico de la iluminación apropiada para el uso de cada estancia. En los espacios docentes, hospitales y residencias de ancianos, hemos hecho especial hincapié en diseñar los espacios más humanos y cercanos, dada la especial vulnerabilidad de sus ocupantes. En el caso de los hospitales, además, cobra especial importancia que estén bien comunicados y, en los entornos urbanos, que sean saludables, seguros e inclusivos. La seguridad es una necesidad básica y su ausencia impacta directamente en nuestra salud. Este enfoque es clave tanto en los edificios como en el urbanismo, para minimizar el riesgo de convertirnos en víctimas de la delincuencia, así como para evitar el desasosiego y estrés que produce el miedo.





