Calidad del aire y salubridad
Metadata
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Date
2021Subject/s
Unesco Subject/s
3305.90 Transmisión de Calor en la Edificación
3308.01 Control de la Contaminación Atmosférica
Abstract
La calidad en el interior de los edificios es uno de los principales retos de la humanidad debido a que, por razones de diferente naturaleza (fuente de emisiones, posibilidad de aumentar las concentraciones, uso permanente de espacios, etc.) puede llegar a ser hasta cinco veces más nocivo que el aire exterior1. Según la mayoría de los estudios, pasamos entre el 80 y 90 % del tiempo en el interior de edificios2, pero, además, un reciente estudio previo a la pandemia3 aportó un dato muy significativo: la mayoría de las personas analizadas no eran conscientes de ello, incluso no reconocía esta situación. En España, casi la mitad de los encuestados afirmaba pasar más de 10 horas al día en exteriores, dato posible pero altamente improbable. Introducimos en nuestro cuerpo 10.000 litros de aire al día, que en cierta proporción han sido ya respirados previamente. En el interior de los edificios, al ser menor la renovación de aire, esa cantidad puede ser mayor. En el siglo XX los avances en la mejora de la calidad del agua han sido evidentes, la preocupación por este asunto y su trascendencia en la mejora de la salud a nivel mundial es evidente. ¿No debe ser el reto del s. XXI la mejora de la calidad del aire interior? ¿No es el momento? La potabilización del agua ha sido un instrumento para luchar contra muchas enfermedades y ahora debemos buscar los instrumentos que nos permitan hacer lo mismo en el interior de los edificios, en ambientes no industriales. La calidad del aire es fundamental para nuestra salud. Todos somos muy conscientes de la importancia de la nutrición para nuestro organismo. No tiene sentido preocuparnos por lo que comemos, si lo hacemos 5 veces al día y no preocuparnos por lo que respiramos, si lo hacemos 1.000 veces cada hora. También estamos hablando de un asunto de responsabilidad social: la protección de personas mayores y otras vulnerables, que son las principales afectadas por unas malas condiciones de habitabilidad. Además de sus evidentes riesgos, como pueden ser los contagios de enfermedades, las emisiones nocivas de materiales o la concentración de contaminantes procedentes del exterior, su situación socioeconómica y su falta de autonomía y movilidad hace que las soluciones deban ser urgentemente planteadas. Residencias, hogares, colegios, centros sanitarios, etc., deben ser analizadas con máximo detenimiento.
La calidad en el interior de los edificios es uno de los principales retos de la humanidad debido a que, por razones de diferente naturaleza (fuente de emisiones, posibilidad de aumentar las concentraciones, uso permanente de espacios, etc.) puede llegar a ser hasta cinco veces más nocivo que el aire exterior1. Según la mayoría de los estudios, pasamos entre el 80 y 90 % del tiempo en el interior de edificios2, pero, además, un reciente estudio previo a la pandemia3 aportó un dato muy significativo: la mayoría de las personas analizadas no eran conscientes de ello, incluso no reconocía esta situación. En España, casi la mitad de los encuestados afirmaba pasar más de 10 horas al día en exteriores, dato posible pero altamente improbable. Introducimos en nuestro cuerpo 10.000 litros de aire al día, que en cierta proporción han sido ya respirados previamente. En el interior de los edificios, al ser menor la renovación de aire, esa cantidad puede ser mayor. En el siglo XX los avances en la mejora de la calidad del agua han sido evidentes, la preocupación por este asunto y su trascendencia en la mejora de la salud a nivel mundial es evidente. ¿No debe ser el reto del s. XXI la mejora de la calidad del aire interior? ¿No es el momento? La potabilización del agua ha sido un instrumento para luchar contra muchas enfermedades y ahora debemos buscar los instrumentos que nos permitan hacer lo mismo en el interior de los edificios, en ambientes no industriales. La calidad del aire es fundamental para nuestra salud. Todos somos muy conscientes de la importancia de la nutrición para nuestro organismo. No tiene sentido preocuparnos por lo que comemos, si lo hacemos 5 veces al día y no preocuparnos por lo que respiramos, si lo hacemos 1.000 veces cada hora. También estamos hablando de un asunto de responsabilidad social: la protección de personas mayores y otras vulnerables, que son las principales afectadas por unas malas condiciones de habitabilidad. Además de sus evidentes riesgos, como pueden ser los contagios de enfermedades, las emisiones nocivas de materiales o la concentración de contaminantes procedentes del exterior, su situación socioeconómica y su falta de autonomía y movilidad hace que las soluciones deban ser urgentemente planteadas. Residencias, hogares, colegios, centros sanitarios, etc., deben ser analizadas con máximo detenimiento.





